QUIÉNES SOMOS

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La Escuela Holden ha sido fundada en 1994 por cinco amigos, todos treintañeros (eran años diferentes, en los que la gente era optimista porque nadie había entendido que estábamos yendo hacia una crisis económica mundial). La idea era realizar una escuela para narradores. Por entonces el término narración estaba fuera de moda en Italia, como en general en la vieja Europa, por lo que se tendía a creer que los cursos de escritura y de enseñanza de este tipo fuesen inútiles, incluso nocivos, y por lo general molestos. Los cinco amigos treintañeros non pensaban de esa manera.

 

La escuela se llama Holden porque querían crear una escuela de la que Holden Caulfield nunca habría sido expulsado. Un lugar para gente no demasiado normal, resumiendo. Desde un cierto punto de vista, elegir un nombre de estas características representaba una responsabilidad. Todavía hoy en día, de hecho, la escuela cuenta con un modo bastante particular de provocar el crecimiento en sus estudiantes. Se enseña con métodos, principios y reglas que es difícil encontrar en otros lugares. A esto hay que añadir que las últimas tres líneas de The Catcher in the Rye son, desde siempre, el símbolo de la escuela.

 

It’s funny. Don’t ever tell anybody anything.
If you do, you start missing everybody.
J.D. Salinger

 

Durante veinte años la Holden ha sido una escuela bastante pequeña. Unos sesenta estudiantes del curso principal y un centenar de inscritos a cursos más pequeños o, incluso, esparcidos por Italia. La sede estaba en Turín, en un viejo edificio Liberty cerca del río Po, y ocupaba como un par de campos de tenis. Las aulas se parecían a las de las escuelas de primaria en donde hemos crecido todos. Había pizarras negras, mapas del mundo en la pared (aunque de abajo para arriba, y no sabemos el porqué). Ahora es difícil darse cuenta pero en esos veinte años la Holden ha graduado a más de trescientos chicos, ha estado a punto de cerrar durante un par de veces y se ha convertido en la escuela más famosa de Italia de esta tipología.

 

En el 2013 la Holden creció muchísimo al mudarse a una vieja y preciosa fábrica de bombas que yacía abandonada desde hacía años y que fue concedida a través de un concurso por parte de la Ciudad de Turín. En menos de un año se convirtió en un sitio en el que en lugar de bombas se construían narradores. Ha sido necesario el trabajo de todos, una discreta vocación al optimismo y la necesaria dosis de fortuna. La nueva escuela abrió el 14 de septiembre del 2013, por la noche, con una clase de Renzo Piano. (Con fuegos artificiales incluidos). Actualmente, el número de estudiantes está entre los 250 y los 300 cada año y puede decirse que todos ellos parecen muy felices.

 

Para que la escuela funcione cada día son necesarias unas quince personas, decenas de colaboradores y cientos de profesores (ellos también parecen muy felices). En los pasillos se tiende a recordar el objetivo en una frase muy corta: hacer la escuela más bonita del mundo. En los momentos (escasos) de lucidez, la frase se reformula en una versión más soft: hacer la escuela que se soñaba cuando se iba a escuela. A todos nos parece un objetivo perfectamente alcanzable.

 

La Holden es una escuela privada, en el sentido de que no recibe subvenciones públicas, vive de su trabajo y es propiedad de cuatro socios: Alessandro Baricco, el escritor, Carlo Feltrinelli, el editor, Oscar Farinetti, inventor de Eataly, y Andrea Guerra, uno de los mejores manager de Italia (y curiosamente, ya que había que elegir a un administrador delegado, se ha elegido a Mauro Berruto, ex entrenador de la selección de volley). Si te preguntas por qué estos cuatro se han embarcado en una empresa de estas características la respuesta es fácil: ven a ver la escuela y lo entenderás.