The Art of Storytelling
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Changing the Game
Inventamos herramientas que cambian el mundo

A lo largo de la historia de la Scuola Holden ha habido numerosos virajes, como tiros contra la banda en una partida de billar. El 23 de enero de 2019 es uno de esos momentos. Y lo que acabas de ver, aquí arriba, es el resumen más rápido de lo que va a suceder.
El desafío que nos espera, en los próximos años, es atajar el imperdonable retraso que el humanismo ha acumulado hasta el presente. Y lo haremos enseñando a nuestros estudiantes a entrenar las habilidades mentales necesarias para habitar el mundo de hoy en día e, incluso, para cambiarlo. No es que en los últimos veinticinco años no lo hayamos hecho, pero en este momento concreto es preciso evidenciarlo de una manera más nítida.

Academy, el nuevo plan de estudios de tres años, es el corazón de este desafío.
Además de esto, seguimos contando con las piedras angulares históricas de nuestra Didáctica: Original, dos años para aprender a desenvolverse en la narración como una verdadera profesión, y Over 30, la escuela para quienes, en la vida, han crecido siguiendo otros caminos, pero conservan un espíritu aventurero.
Holden Studios es, sin embargo, otro paso hacia adelante, la fragua donde creamos nuevas herramientas para cambiar la visión del mundo en las personas que las van a utilizar y, por lo tanto, para cambiar el mundo en sí.

Para quienes quieran conocer el resto de nuestra historia, a continuación pueden leer desde dónde empezamos para llegar hasta aquí.

QUIÉNES SOMOS

La Scuola Holden la fundaron en 1994 cinco amigos, todos treintañeros (eran otros tiempos, mucho más optimistas porque nadie había entendido que nos estábamos dirigiendo hacia una crisis económica mundial). La idea era realizar una escuela para narradores. En aquel entonces el término narración no estaba de moda en Italia, como en general en la vieja Europa, por lo que se tendía a creer que los cursos de escritura y de enseñanza de este tipo fuesen inútiles, incluso nocivos, y en cualquier caso fastidiosos. Los cinco amigos treintañeros no pensaban de esa manera.

La escuela se llama Holden porque la idea era crear una escuela de la que Holden Caulfield nunca hubiera sido expulsado. Un lugar para gente no demasiado normal, en resumidas cuentas. De alguna forma, elegir un nombre de estas características representaba una responsabilidad. Todavía hoy en día, de hecho, la escuela cuenta con un modo bastante particular de promover el crecimiento en sus estudiantes. Se enseña con métodos, principios y reglas que es difícil encontrar en otros lugares. A esto hay que añadir que las últimas tres líneas de El guardián entre el centeno son, desde siempre, el símbolo de la escuela.

It’s funny. Don’t ever tell anybody anything. If you do, you start missing everybody.

J.D. SALINGER

Durante veinte años la Holden ha sido una escuela bastante pequeña. Unos sesenta estudiantes en el curso principal y un centenar de inscritos a cursos más pequeños o, incluso, esparcidos por Italia. La sede estaba en Turín, en un viejo edificio estilo Liberty cerca del río Po, y ocupaba como un par de pistas de tenis. Las aulas se parecían a las de las escuelas de primaria en donde hemos crecido todos. Había pizarras, mapamundis en la pared (aunque colgados patas arriba, y no sabemos el porqué). Ahora es difícil darse cuenta pero en esos veinte años la Holden ha graduado a más de trescientos chicos, ha estado a punto de cerrar durante un par de veces y se ha convertido en la escuela más famosa de Italia, dentro de su especie.

En el 2013 la Holden creció muchísimo al mudarse a una vieja y preciosa fábrica de bombas que yacía abandonada desde hacía años y que fue concedida a través de un concurso por parte de la Ciudad de Turín. En menos de un año se convirtió en un sitio en el que en lugar de bombas se construían narradores. Ha sido necesario el trabajo de todos, una discreta vocación por el optimismo y la necesaria dosis de fortuna.

La nueva escuela se inauguró el 14 de septiembre del 2013, por la noche, con una clase de Renzo Piano (y con fuegos artificiales incluidos). Actualmente, el número de estudiantes oscila entre los 300 y los 340 cada año y puede decirse que todos ellos parecen muy felices. Para que la escuela funcione cada día son necesarias aproximadamente cuarenta personas, decenas de colaboradores y cientos de profesores (ellos también parecen muy felices). En los pasillos se tiende a recordar el objetivo en una frase muy corta: hacer la escuela más bonita del mundo. En los momentos (escasos) de lucidez, la frase se reformula en una versión más suave: hacer la escuela que se soñaba cuando se iba a escuela. A todos nos parece un objetivo perfectamente alcanzable.

La Holden es una escuela privada, en el sentido de que no recibe subvenciones públicas, vive de su trabajo y es propiedad de cuatro socios: Alessandro Baricco, el escritor, Carlo Feltrinelli, el editor, Oscar Farinetti, inventor de Eataly, y Andrea Guerra, uno de los mejores manager de Italia. La administradora delegada es Savina Neirotti. Si te preguntas por qué estos cinco se han embarcado en una empresa de estas características la respuesta es fácil: ven a ver la escuela y lo entenderás.

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